Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

martes, 30 de diciembre de 2008

Padre Pedro Opeka (1)

Un episodio cambiaría la historia de Pedro Opeka y de su obra. Cuando Juan Pablo II visitó Madagascar en marzo de 1989, una niña pobre con su hermanito atado con un lienzo a las espaldas se acercó al Papa en medio de una multitudinaria misa y este le dio un abrazo....fue como un guiño para que alguien comenzara a hacer algo por todos esos chicos, comentaba Pedro Opeka hace algunos años en un encuentro de jovenes en Lujan, Argentina.

Algún día saldaré mi deuda y escribiré algo propio y merecedor de este amigo de Jesús, padre de los pobres de Madagascar, “hermano de la Madre Teresa” que es el padre Pedro Opeka, misionero vicentino, argentino, de padres eslovenos. Hoy lo haré brevemente (si lo logro ;) en dos entradas : una introductoria y la otra con una carta de Pedro a su hermana (que reproduzco con permiso), contándole su jubiloso regreso a Madagascar..

Pedro! Como llamarlo a este casi vecino mío cuando vivía en casa de sus padres? Cualquier adjetivo superlativo le queda chico y además no le gustaría a él que ha encontrado el sentido de su vida en su vocación de servir a los mas pobres en Akamasoa, Madagascar y alli donde "Un pan se partía en veinte pedazos", su obra recuperó de los basurales a 10.000 niños, 9400 de los cuales concurren ahora a la escuela, en un país que se iba empobreciendo al mismo ritmo que enriquecía el primer mundo, prometiendo ayuda para los mas necesitados, para que finalmente solo le llegase ¼ de aquello que originalmente le fuera asignado.

Cuando Pedro llego a Madagascar el país registraba un 35% de población pobre, hoy la cifra alcanza un 75%, según expresara el mismo en un emotivo encuentro con la prensa eslovena en Ljubljana (Novinarska vprasanja Zvočni zapis) hace tan solo pocos dias, y

donde invitó al periodismo a ser valientes, aunque a veces fuese peligroso, ustedes – les decía - “pueden cambiar el mundo y con su fuerza obligar a los políticos a cumplir sus promesas”. En la conferencia de prensa agradeció la ayuda que recibe de varios países pero comentó que trata de concienciar a su gente que esta ayuda puede dejar de venir y que ellos deben prepararse; eso están haciendo pues cuentan ya con un equipo de 410 profesionales y técnicos malgaches que trabajan en la obra, con futuro asegurado en un centro de acogida por el cual ya han pasado mas de 200.000 personas.
A la pregunta porque Madagascar? Pedro comenta que podría haber sido África o India pero que necesitaban una mano en Madagascar y allí fue, a la tierra donde los vicentinos fueron pioneros, pues fue el santo patrono de su orden vicentina San Vicente de Paul quien envió allí los primeros misioneros. Por eso entre ellos y Madagascar hay un lazo histórico, casi sentimental. La gente allí es buena, dice Pedro, pero la pobreza es como una cárcel que los va minando, matándoles el espíritu, y se apresura en aclarar que de aquellos hombres y mujeres que eran considerados de descarte nacieron los mejores ciudadanos del país.
Su obra atrae al turista que de una simple curiosidad inicial termina con los ojos llenos de lágrimas al palpar las ganas de vivir y la alegría que emana de aquellas 6000 gargantas que asisten a la Misa, presenciada casi siempre por unos 100 turistas. Le preguntan al padre Pedro si le molesta la presencia de turistas (organizados para ver su obra) y responde que el visitante no tarda en captar la verdad y la unión que reina allí y se va enriquecido.
Venidos como observadores - dice el padre Pedro – “todos tienen corazón y yo se que lo que van a vivir en la Misa les conmoverá porque lo que es bueno, verdadero y hermoso siempre encuentra lugar en el corazón de cualquier cultura”.
Dedicado por entero a los mas pobres y los rechazados, fueron alimentándose recíprocamente sin grandes presupuestos ni encuentros sofisticados de especialistas internacionales en un proyecto que es obra del amor, inspirado en aquel Amor que todo lo puede, mientras el mundo sigue observando incrédulo y azorado tamaño proyecto nacido de la nada material, albergado en un discípulo generoso de aquel Amor que lo dio todo.

El padre Pedro ya ha recibido cantidades de premios y reconocimientos. El pasado 10 de diciembre recibió en el Vaticano uno que el mismo consideró especial : el Premio Van Thuân 2008, Solidaridad y Desarrollo, concedido por la Fundación San Mateo, en la Solemne Conmemoración del 60 Aniversario de la Declaración Universal de los derechos del hombre, organizada por el Instituto Pontificio de la Justicia y de la Paz. Y poder encontrarse con el Santo Padre a cuatro ojos ya es de por sí una bendición.

El 16 de diciembre la Conferencia Episcopal Eslovena le entregaba por manos del Arzobispo de Ljubljana Mons. Alojz Uran la distinción de los santos Cirilo y Metodio, el reconocimiento más distinguido que otorga la Iglesia eslovena, y también una donación para continuar con su obra.


Invito leer el comentario de la agencia AICA escrito por Jesús Maria Silveyra, escritor y periodista autor del libro “Un viaje a la esperanza”, subtitulado “Salir de la pobreza con trabajo y dignidad”, quien viajó a Madagascar para conocer personalmente la obra del Padre Pedro y recopiló con su familia en Ramos Mejía los datos de su biografía y también la dramática y apasionante vida de sus padres, inmigrantes eslovenos.

Invito también leer una historia breve escrita por un hijo de eslovenos en el diario local Pagina 12 durante la visita del padre Opeka a la Argentina el año 2003 .